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Especialista en Teatro Venezolano

sábado, 11 de enero de 2014

Levy Rossell



¡HOLA PÚBLICO!


Personajes:
Yo-Yo-Yo
Evarista
Silvestre
Cleta
Simeón
Fredebunda
Abelardo


I ACTO

(El telón está cerrado. Gran fanfarria del conjunto. Se ilumina el proscenio. Entra el señor YO YO YO, muy pomposo y con parsimonia. Cesa la fanfarria).

YO YO YO.- Vaya, vaya… la sala está lo que se llama repleta. La sala se ha llenado, porque en todas partes se sabe que soy quien hoy ha de divertir a todos los niños del mundo.

(Las 3 comediantes asoman las caras por un extremo del telón, muy estrepitosas, y se desaparecen violentamente)

Más, ¿qué es esto? Estoy seguro de haber escuchado algo parecido a unas gallinas cacareando… (Como para que ellas lo oigan) Si es seguro que todas las gallinas de la tierra acaban de cacarear juntas y no las he escuchado…

LAS 3 COMEDIANTES.- (Se asoman violentamente ofendidas) ¿Gallinas…? ¡Insolente! (Desaparecen)

YO YO YO.- ¡Ja! ¡ja! ¡ja! Sabía que se trataba de ellas y por ello las llamé gallinas. Bien, les decía que he venido a compartir con todos ustedes este rato de descanso, y ya comienzo. (Se hincha vanidoso) Niños… adorados niños. (En otro tono). No sé por qué; pero me gustaría oír muchos aplausos… ¡Aplaudidme!... (Se oyen gritos detrás del telón, silbidos, ruidos, fanfarrias). ¡Qué escándalo! ¡Qué modales!... Jamás imaginé un ruido semejante… ¡Silencio! ¡Ya! (Cesa el ruido semejante…) ¡Silencio! ¡Ya! (Cesa el ruido) ¡Qué barbaridad! Esos son los cómicos…  

EVARISTA.- Y ahora con todo cariño dedico esta hermosísima actuación a este bellísimo público…

TODOS.- ¡Evarista! ¡Evarista! ¡Evarista!

EVARISTA.- ¿Quéeeeeeee?... (risas)

YO YO YO.- Los desesperados comediantes que me silban y abuchean, porque a ellos nadie les brinda los aplausos que a mí.

(Nuevo estrépito corto. Las comediantes asoman las caras, ríen agudas y se van)

¡No importa! ¡Pueden molestarse todo lo que quieran! A mí eso no me preocupa. Yo soy quien lleva la batuta…

SILVESTRE.- ¿La batuta?

YO YO YO.- Tenía que ser él.

SILVESTRE.- Aquí la tiene.

YO YO YO.- Le dije que soy quien lleva la batuta, no que usted me trajese la batuta. Y esto no comienza sin mi autorización. De aquí no me retiro sin cantar una canción… muy bella canción que compuse ayer. (Se hincha) ¡Música! (Los músicos no comienzan) ¡Música! (Ídem. Risitas detrás del telón). Entonces voy a recitar. Si la cosa es así cantaré sin acompañamiento y comienzo desde este momento. (Algo inquieto y nervioso. Toma pose).

Por el florido parque caminaba yo
cuando del cielo el agua
en gotas bajó… y este… por el florido…

(Grandes carcajadas detrás del telón, sale una vara con garfio y lo arrastra fuera de escena en medio de un gran escándalo y fanfarrias).

YO YO YO.- ¡Telón…! ¡Qué se abra el telón!

(El telón se abre con música de circo. En escena, las comediantes bailan. La coreografía queda a discreción del director).


CANCIÓN PARA SER PRESENTADOS

¡Hola, hola público! que hoy te encuentras
en este gran teatro.
Público, estimado público,
disfruta de nuestras vidas,
de nuestras vidas alocadas.
Disfruta del arte de estos comediantes,
disfruta de nosotros, somos tuyos,
sólo tuyos, tuyos, tuyos…

Desde muy temprano aquí estamos
pintándonos, arreglándonos,
aparentando ser muy bellos.
Desde muy temprano por ti esperamos
y ¿tú sabes?
no nos gusta este sitio, ¡si tú no estás en él!

¡Hola, hola público! que hoy te encuentras
en este gran teatro.
Escucha, escucha:
Ese caballero panzudo llamado “YO YO YO”
quiso tomar parte de esta función
y tal vez se le hubiese permitido ¡si no
pecase de tanta presunción! (Bis).

Oigan… escuchen… atiendan,
cómicos y trucos aquí se han de juntar.
Oigan… escuchen… atiendan,
tres preciosas, bellísimas,
hermosas, comediantes los van a deleitar. (Bis).

(Polka bailada. Salen todos, apagón. Aparecen en un barco)


CANCIÓN DEL VIAJE

Venimos de una tierra lejana;
siempre navegamos en busca de otra gente (bis).
Somos artistas de las tablas.
Igual que hoy en una mañana
en el teatro a ti queremos verte (bis).

(Estrépito general. Bajada del barco)




SILVESTRE.- ¡Vean!, ¡vean! Esto está solo… Oigan ¡qué silencio! Nadie nos vino a recibir…

CLETA.- ¡No puede ser!

SIMEÓN.- Verdad…d…d…

FREDEBUNDA.- ¡Qué horror…! ¡Qué vergüenza! Me abruma.

ABELARDO.- Y pensar que navegamos tanto, con tanto zarandeo, en este barco; para ahora encontrarnos tan solos, como si nuestro talento nada significara.

CLETA.- ¡Qué talento ni qué talento! Déjate de boberías, lo que te falta ahora es que te pongas a llorar. ¡Gran cosa! No vino nadie a recibirnos, nos devolvemos a casa y ya pasó todo. De mejores casas me han botado.

FREDEBUNDA.- ¡A mí nunca!, de ninguna parte…

ABELARDO.- ¡Qué desprestigio para mi meteórica carrera!

(Evarista avanza hasta el proscenio y descubre al público)

ABELARDO.- Tanto que ensayamos nuestro magnífico espectáculo, para que el público no acudiera a la representación. Definitivamente, no hago más teatro.

CLETA.- ¡Gran cosa!, seguramente que la tierra no girará más, no dará más vueltas.

ABELARDO.- Yo, que interpreto los más importantes papeles que escribió Cervantes, como nadie lo ha hecho, no actúo más.

YO YO YO.- Favor que le hace usted a los espectadores.

ABELARDO.- No ensayo más. Contundentemente, rotundamente, definitivamente, indeclinablemente, impepinablemente.

YO YO YO.- ¡Tan chiquito, y con qué carácter!

FREDEBUNDA.- ¿Cómo que no han venido a recibirnos? ¿Es que ustedes no los ven? ¡¡¡Véanlos!!!

CLETA.- No veo nada. No se ve nada. Una total oscuridad.

SILVESTRE.- Porque las luces están apagadas. Vamos a decirle al técnico del teatro que encienda las luces. ¡Luces!

(Todos piden luces. Simeón avanza hacia el proscenio, ve al público y se desmaya de la impresión. Se reanima pronto).

EVARISTA.- Pero si el teatro está lleno, lleno, ¡qué maravilla! Fíjense en aquella gordita.

TODOS.- ¿Cuál?

EVARISTA.- Ésa, la del lado izquierdo, ¡tan coloradota!

CLETA.- Seguro que toma mucha sopa. Miren qué elegantes aquellos flaquitos. Eso sí es categoría. Que se los digo yo que sé de eso, ¡categoría!, ¡categoría!

EVARISTA.- Me siento fascinada por lo muy aseados y vestiditos. Es impresionante como se portan.

SILVESTRE.- Nosotros también nos bañamos todos los días y tomamos sopa.

SIMEÓN.- Y nos limpiamos las orejas, y nos peinamos el greñero y también nos ponemos zapatos en las patas.

SILVESTRE.- Amigo, eso no es así. En lugar de orejas es más bonito decir oídos, en lugar de greñero se dice cabellera, y en lugar de patas se dice… (Al público) ¿Qué se dice en lugar de patas? ¿Cómo se dice?... ¡Eso es, se dice pies!

FREDEBUNDA.- ¡Qué insolencia! ¿Quién se atrevió a decir que sabiendo de mi presencia en este viaje nadie nos vendría a recibir?

YO YO YO.- Yo, yo, yo lo digo y lo mantengo. Ellos han venido por mí no por ustedes, cómicos aficionados, improvisados, arribistas, es por mí, son mi público, mis admiradores, mis fanáticos, mis seguidores. Por favor, los autógrafos después de la función. (Risas y estrépito general) Como notarán ahora estoy muy ocupado.

ABELARDO.- Un momento, un momento. Vamos a hacer una cosa práctica, sencilla, que a todos beneficie.

CLETA.- ¿Qué cosa? ¿Qué vamos a hacer? ¿A qué te refieres, qué cosa quieres decir, caballerito, que no te comprendo?

ABELARDO.- Vamos a hacer las paces y compartimos entre todos la presencia de este, ¡mi público!

EVARISTA.- A mí me parece muy bien.

FREDEBUNDA.- Tengo que pensarlo.

CLETA.- A mí me parece bien.

YO YO YO.- Tratándose de mi público, puede ser.

(Comienza una pelea entre Aberlardo y Yo Yo Yo. Escándalo general)

CLETA.- ¡Dale!, ¡dale!, ¡dale duro!

SILVESTRE.- ¡Pero señora!, ¿cómo se atreve a decir, “dale, dale duro”, para que sigan peleando?

CLETA.- ¿Yo…?

SILVESTRE.- Claro que usted. ¡Qué vergüenza!, ¡qué falta de respeto!

ABELARDO.- ¿Y entonces?

SILVESTRE.- Yo se los digo. (Dirigiéndose al público) ¿Niños quieren ustedes que nosotros nos comportemos como buenos?

(El público debe contestar. Los actores se saludan cortésmente)

ABELARDO.- Escuchen, escuchen, ¿y a los niños no los vamos a saludar? Pues, yo sí.

YO YO YO.- Yo también. No te voy a dejar solo.

(Los actores se dirigen a la sala y saludan al público. Yo yo yo regresa al escenario y habla a los espectadores).

YO YO YO.- En secreto, no le digan a nadie que subí al escenario para aprovechar la oportunidad de lucirme.

(Suena la música de “Hola Público”).

¡Atención! ¡Atención!, damas, caballeros, niñas y niños, cómicos que me aplaudís hasta rabiar de la emoción (Protesta general de todos los actores). Excelentísimo público, a nombre de todos mis compañeros (Cada actor se presenta al público por su nombre) quiero decirles que los saludo (Gran ovación) y me parece que ya es tiempo de comenzar esta función, que tanto hemos demorado.

EVARISTA.- ¡Pero si hace siglos que ya comenzó!

YO YO YO.- Cierto, ya del teatro lo había declarado. El teatro, el teatro es el arte humano por excelencia. El arte universal donde se reúne toda la creatividad, toda la capacidad de imaginar que tiene el ser humano. El teatro siempre ha existido, es tan viejo como el hombre, viejo, viejísimo como Silvestre…

SILVESTRE.- ¡O como usted!

YO YO YO.- Como Cleta.

CLETA.- ¡Como tú!

YO YO YO.- Es universal porque en él están todas las demás artes. A ver, ¿quién sabe cómo se manifiesta la pintura en el teatro?

SILVESTRE.- Yo, yo lo sé. La pintura en el teatro se manifiesta en los colores. Por ejemplo, en los colores de las luces, en los colores del vestuario, en los colores de los decorados. ¿Niños?, ¿de qué color es mi camisa? ¿Y el pantalón? ¿Y el sombrero? ¿Y las velas del barco? Muy bien, los niños también saben distinguir la pintura en el teatro.

YO YO YO.- ¿Y quién sabe cómo se manifiesta la música en el teatro?

SIMEÓN.- Yo, yo lo sé, porque yo sí sé de música. Es muy sencillo, miren, la música en el teatro se manifiesta cuando cantamos con o sin acompañamiento de instrumentos musicales o simplemente cuando hablamos con ritmo y melodía. Bien, vamos a ver, ¿quién de ustedes conoce la escala musical…?

(Todos contestan afirmativamente)

A ver, Cleta. (Cleta canta) ¡No, no, horroroso! A ver Silvestre. (Silvestre canta) ¡Qué desafinado…! (Evarista canta) No, Evarista, lamentándolo mucho, no es así… Fredebunda. (Fredebunda canta)… ¡Basta, basta, suficiente. A ver Abelardo. (Abelardo canta). Mucho menos. Seguro que los niños sí saben cómo es la escala musical. A ver niños, canten conmigo. (Todos cantan). Otra vez, niños, repitamos. (Todos cantan). Otra vez, todos. (Todos cantan: Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si).

YO YO YO.- ¿Y quién sabe cómo se manifiesta la danza en el teatro?

EVARISTA.- La danza se manifiesta cuando nos movemos o cuando bailamos en nuestras actuaciones.
Ah, bueno, ya que ustedes conocen la escala musical, ¿les parece bien si me la cantan y yo sigo el ritmo? Vamos. (Cantan y ella baila).

YO YO YO.- ¿Y cómo se manifiesta la poesía en el teatro?

ABELARDO.- En los diálogos, pero no como en los diálogos de esta obra, me refiero a diálogos, diálogos… como por ejemplo, Platón, Aristófanes, Pirandello, Tirso de Molina, Lope, Chalbaud, Cabrujas, Shakespeare… esos sí son diálogos.
(Todos se asombran)

YO YO YO.- ¿Qué es lo que usted quiere decir de nuestro espectáculo… jovencito?

ABELARDO.- ¡Uh… ejem!, digo que… ¡que esto es la gloria! ¡Esto es poesía!

YO YO YO.- Bien… bien por el chiquitico. En el teatro todo está integrado, todo está unido, el teatro, siempre…

(Fanfarrias parte final de “La Canción del Viaje”)

EVARISTA.- Yo soy actriz cómica; esto quiere decir que soy una actriz de comedia, por lo tanto tengo que hacer reír a la gente (Se ríe y pregunta al público) ¿Qué tal si nos reímos todos juntos? ¡Ja! ¡ja! ¡ja!

(Todos ríen con acompañamiento de música durante diez segundos)

SILVESTRE.- Yo soy un actor de costumbres; por lo tanto soy un actor costumbrista. ¡Qué maravilla hacer teatro de costumbres!

FREDEBUNDA.- Yo soy actriz dramática porque domino el drama. Por ejemplo (Se dirige a Simeón): ¡Zumbáos en el piso!

SIMEÓN.- ¡Me zumbo! (Se tira sobre el piso).

FREDEBUNDA.- ¿Y qué hacéis allí tirado en el piso?

SIMEÓN.- Me dijisteis que me zumbase en el pisosó so… so.

FREDEBUNDA.- Os suplico que os levantéis. Graznad como cuervo.

SIMEÓN.- (Imita a un cuervo)

FREDEBUNDA.- ¡Saltad como un conejo! (Simeón imita al conejo) ¡Maullad como un gato! (Simeón maúlla) ¡Callaos por favor!
¡Oh! ¿Se fijaron qué bien lo hice?

CLETA.- Yo soy actriz melodramática. Lo mío es el melodrama. Por ejemplo (Se dirige a Silvestre): ¿Qué hacéis allí parado? ¡Contestad!

SILVESTRE.- Porque no estoy sentado.

CLETA.- Entonces, ¡Oh tú!, recitad vuestro parlamento.

SILVESTRE.- Encima de una rama estaba un búho y quiso volar y no pudo. (Risa general).

ABELARDO.- Yo soy un actor trágico, que interpreta tragedias. Por ejemplo: “ayer pasé por tu casa y me tiraste un portafolio” ¡Ay, cómo me dolió! Eso es tragedia.

SIMEÓN.- (Haciendo piruetas y caminando con las manos): ¡Atrás!, ¡Abrid! Yo soy un actor farsesco porque interpreto farsas para hacer reír a la gente.

EVARISTA.- Comedia.

FREDEBUNDA.- Drama.

ABELARDO.- Tragedia.

SILVESTRE.- Teatro costumbrista.

SIMEÓN.- Farsa.

FREDEBUNDA.- Drama.

CLETA.- Melodrama.

ABELARDO.- Tragedia.

EVARISTA.- Comedia.

SILVESTRE.- Teatro costumbrista.

YO YO YO.- Todos somos… intérpretes de teatro.

CANCIÓN DE LOS COMEDIANTES

CORO.-
Somos cómicos felices,
bailarines y cantantes,
que vivimos para ustedes
nuestra fiel inspiración. (bis)

SIMEÓN.-
Hago reír a la gente,
la farsa es mi vocación.
Con mucha gracia y estilo por el
mundo marcho yo. (bis)

CORO.-
Somos cómicos felices, etc.

EVARISTA.-
Evarista es mi nombre,
actriz cómica soy yo.
Cuando dije el parlamento
todo el público aplaudió. (bis).

CORO.-
Somos cómicos felices, etc.

FREDEBUNDA.-
Con inteligencia y temple
digo el drama ¡sí señor!
Vibra la sala en mis diálogos
porque antes de interpretarlos
yo muy bien los estudié. (bis).

CORO.-
Somos cómicos felices, etc.

ABELARDO.-
Abelardo en la tragedia
siempre se especializó,
no me importa lo que diga
el mezquino Yo Yo Yo. (bis).

CORO.-
Somos cómicos felices, etc.

SILVESTRE.-
Ando cantando costumbres
de escenario en escenario,
el sainete es mi delirio
y me remonta a las cumbres. (bis).

CORO.-
Somos cómicos felices, etc.

CLETA.-
Fea como una chancleta,
dice el melodrama, es Cleta.
Más fea que ella o han visto
qué columna… digo… qué calumnia
¡habráse visto! (bis).

CORO.-
Somos cómicos felices, etc.



II ACTO


SILVESTRE.- Nosotros hemos venido de lejanas tierras para hacer una representación. Navegamos y navegamos con mucho zarandeo hasta llegar aquí. Pero como hay tantos niños, pienso que en lugar de una representación podemos hacer un juego.

ABELARDO.- ¿Qué?

FREDEBUNDA.- ¿Jugar? Hemos venido a trabajar, eso fue lo convenido y el público aguarda.

CLETA.- Yo, por lo menos…

ABELARDO.- Nosotros somos grandes, grandes artistas…

CLETA.- ¡Sí señor!

ABELARDO.- ¡Jamás vulgares jugadores, ordinarios!

FREDEBUNDA.- ¡Qué incómoda me siento!

SILVESTRE.- Compañeros, no he dicho que no seamos grandes artistas. Representar y jugar pueden ser la misma cosa.

FREDEBUNDA.- Yo no sigo en esta compañía. ¡Quién me mandaría a mí venir de tan lejos!

CLETA.- Pero, ¡habráse visto, niña!

SIMEÓN.- Bueno, bueno, pero si Silvestre lo que dijo fue jugar. Todos discuten acerca del juego.

CLETA.- Calma, calma. ¡Silencio! Qué modales esos. ¿Eso es lo que van a aprender nuestros amigos? No señor, no debe ser así.

YO YO YO.- ¡Qué ordinarios, qué rufianes, qué bajos!

EVARISTA.- Gritar no es correcto, así que hacen el favor de comportarse a la altura.

(Abelardo se dirige hacia Simeón)

YO YO YO.- ¡Hey!, un momento, ¿a dónde vas? ¿qué haces?

ABELARDO.- ¡Estoy buscando altura! (Sube a los hombros de Simeón. Todos ríen). ¡Estoy buscando altura para comportarme!

EVARISTA.- Y hacer silencio para oír la explicación.

(Todos hacen gestos cómicos de silencio)

SILVESTRE.- Decía que debemos jugar el juego de los oficios. ¿Lo recuerdan?

CLETA.- ¡Ah, sí, oficio!

FREDEBUNDA.- ¡Profesión!

ABELARDO.- ¡Labor!

EVARISTA.- ¡Ocupación!

SIMEÓN.- ¡Trabajo!

YO YO YO.- Eso es lo que deberían hacer cada uno de ustedes. Buscarse un trabajo o un oficio, porque la verdad es que como comediantes ¡qué va! ¡Para comediante, yo!

FREDEBUNDA.- Por supuesto, claro que sí.

YO YO YO.- De todos modos, mantenme en ese divertidísimo juego, pero con una condición…

TODOS.- ¿Cuál?

YO YO YO.- Que me dejen decirle a los niños la letra de la “Marcha de los oficios”

TODOS.- ¡Bueno, si no queda más remedio!

YO YO YO.- (Recita la letra de la “Marcha de los oficios”)

SIMEÓN.- Niños, ¿quieren ustedes que comience el juego de los oficios? (bis).

TODOS.- (Repiten la pregunta)

LA MARCHA DE LOS OFICIOS
Canción
YO YO YO.-
Esta es la marcha de los oficios,
el juego de los oficios
comienza de esta manera,
¡cada uno de nosotros puede irse
donde quiera!
(Bailan y cantan)

PIANISTA.- ¿A dónde fuiste tú?

CLETA.- ¡A la luna!

FREDEBUNDA.- ¿Y qué oficio tienes tú?

CLETA.- Astronauta sembrador de tunas. Aquí no puedo sembrar plantas que me den hermosas flores y bellos frutos. Este suelo está seco. Mejor me voy a la Tierra y seré agricultor.

(Todos protestan por el cambio de oficio)

YO YO YO.- ¡Trampa! Eso no vale. No se puede cambiar de oficio. Se empieza y se termina con el mismo oficio. O eres agricultor o eres astronauta, decídete.

CLETA.- ¿Saben por qué? Porque el agricultor es uno de los personajes más importantes de nuestra sociedad. Si el agricultor no cultiva la tierra no habría comida para nadie.

TODOS.- ¡Ajá!

SILVESTRE.- ¡El Agricultor, yipitipitipi! ¡El Agricultor, yipitipitipi!

CLETA.- Por eso seré “El Agricultor”

(Música, canto y “Marcha de los oficios. Se repite)

PIANISTA.- ¿A dónde fuiste tú?

SILVESTRE.- ¡A un techo de asbesto!

TODOS.- ¿Y qué nos trajiste tú?

SILVESTRE.- ¡Yo les traje esto! (En pantomima entrega libros a los comediantes)

TODOS.- ¿Y qué oficio tienes tú?

SILVESTRE.- ¡El de un bien maestro!

TODOS.- ¡Oh!

SILVESTRE.- Alumnos, muy buenos días, vamos a comenzar la clase. Pero antes vamos a pasar lista.
“Abelardo”, “Fredebunda”, “Cleta”, “Simeón”, “Pianista”, “Evarista”, ¡“El Público”! (Cada uno responde)

YO YO YO.- Profesor, a mí no me nombró.

SILVESTRE.- Es verdad, tienes razón, “Tú”.

YO YO YO.- ¡Ausente!

SILVESTRE.- ¡Qué problema! Ese niño siempre falta a la escuela. Como siga así va a perder el año. Bien la clase de hoy es de matemáticas. (Al público) Vamos a ver si ustedes saben cuánto es uno más uno (Todos quieren responder, debe contestar el público). Muy bien, los felicito. ¿Dos más dos? (Todos) ¡Cuatro! Muy bien. ¿Cuatro más cuatro? (Los niños responden. Cuentan hasta ocho) Muy bien, los felicito nuevamente. Ahora vamos a ver si ustedes recuerdan cuál fue el primer oficio del juego. (Los niños responden, si no contestan Cleta responde).

CLETA.- El de agricultor, ¡y yo lo representé!

(Marcha de los oficios)

PIANISTA.- ¿A dónde fuiste tú?

SIMEÓN.- A donde el amigo Cano.

TODOS.- ¿Y qué nos trajiste tú?

SIMEÓN.- ¡Sorpresa, les traje agua!

CLETA.- El agua es incolora.

FREDEBUNDA.- Es inodora.

SIMEÓN.- Ni huele.

EVARISTA.- Es insípida.

SIMEÓN.- Y a nada sabe.

SILVESTRE.- Entonces, ¡agua pura!

TODOS.- Insípida, inodora, incolora.

ABELARDO.- Así es el agua que nos trajo, ¿verdad?

SIMEÓN.- Sí, fui a donde el amigo Cano, ¡y les traje agua del pantano! (Simula bañarlos)

YO YO YO.- ¿Y qué oficio tienes, granuja?

SIMEÓN.- De cambur manzano…

TODOS.- ¡Oh!

CLETA.- Eso es una fruta, caballero, eso no es un oficio.

FREDEBUNDA.- Él nunca sabe nada (chismosa)…

EVARISTA.- Pero está bien que pregunte. Sí señor.

FREDEBUNDA.- Uno tiene que preguntar acerca de lo que no sabe.

EVARISTA.- Pero como él nunca pregunta, nunca sabe nada. No, no, no así no se puede hacer teatro…

YO YO YO.- (Al público): ¡Chismosos! (Todos se culpan entre sí). Entonces este es el juego de los oficios.

EVARISTA.- Sí, pero él dice “cambur manzano”, ¿acaso un cambur manzano es un oficio?

SILVESTRE.- Yo creo que debemos continuar el juego de una manera bonita e interesante, elevada.

ABELARDO.- Pido la palabra. El maestro es quien nos forma, nos hace grandes, enormes y gigantescos, gracias a la ayuda que recibe de papá y mamá. Porque sin la ayuda de papá y mamá, es muy poco lo que él podría hacer por nosotros. Ojalá perdure en nosotros, en una forma intensa y apasionada, el enorme cariño que él nos tiene, la voluntad que tomamos de él para aprender las mejores cosas de la vida y el amor inmenso, altísimo, elevadísimo que le debemos. Un aplauso para mí por haber interpretado este colosal parlamento. ¡Gracias, gracias! Continúo: Les puedo decir sin que me quede nada por dentro…

YO YO YO.- (Interrumpiendo) ¡Pero cómo te va a quedar algo por dentro! Con ese tamañito y todo lo que has hablado te espichaste.

ABELARDO.- Gracias al oficio del agricultor tenemos con qué llenar la barrigota; gracias al oficio del maestro tenemos con qué llenar el intelecto, la inteligencia, la capacidad para aprender. Cuando yo diga a la una, a las dos y a las tres, Cleta aquí y Silvestre acá, (Ambos se colocan al lado de Abelardo), todos sin excepción, mis compañeros, los niños presentes, los papás, las mamás, los tíos, los sobrinos, los amigos, vamos a decir “Viva el Maestro” (Dirige el coro). Ahora, a la bin, a la ban, a la bin-bon-ba, el agricultor, el agricultor, ¡ra! ¡ra! ¡ra! (Todos repiten y protestan lo extenso del parlamento).

YO YO YO.- Entonces, un oficio es todo trabajo que tú desempeñas para ganarte la vida, al mismo tiempo que colaboras con los demás.

SIMEÓN.- ¡Ah! Ahora entiendo, mientras que fruta es aquello que dan algunas plantas después de la flor. Algunas no son comestibles porque…

YO YO YO.- Pues yo me las quiero comer todas, Yo Yo Yo…

FREDEBUNDA.- Continuemos el juego, por favor…

(Marcha de los oficios. Una estrofa)

PIANISTA.- ¿A dónde fuiste tú?

ABELARDO.- A Tucusiapón.

TODOS.- ¿Y qué nos trajiste tú?

ABELARDO.- Pan con chicalón.

TODOS.- ¿Y qué oficio tienes tú?

ABELARDO.- A ver… a ver…una cosa que rime con Tucusiapón… a ver, ya la tengo, ¡rufián y ladrón!

SIMEÓN.- (Lo apresa) Por rufián y por ladrón. ¡Ah! ¿Y qué oficio tengo yo ahora con tanta pericia?

EVARISTA.- El de un digno representante de la sana justicia.

YO YO YO.- Qué juego tan tonto; esto no es un juego. Juego es este que les enseño yo ahora…

TODOS.- Pues nosotros no lo queremos.

YO YO YO.- Pero si es divertidísimo.

TODOS.- Pero nosotros no lo queremos.

YO YO YO.- (Amenazador hacia el público) Ustedes no, pero los niños se van a tener que aprender el juego que yo les voy a enseñar. Todos ustedes, niños, feos, gafos se van a tener que aprender, porque sí, este maravilloso juego que yo les voy a enseñar ahora.

SILVESTRE.- Niños, ¿desean ustedes aprender el juego que de tan fea manera él les quiere enseñar? (Dirigiéndose al público)… Lo ve usted, tampoco lo quieren.

YO YO YO.- ¡Ah!, por favor excúseme, creo que me excedí, ¡perdón, perdón!

SILVESTRE.- Así que continuamos con el juego.

(Marcha de los oficios, una estrofa)

PIANISTA.- ¿A dónde te fuiste tú?

EVARISTA.- Para el basurero.

FREDEBUNDA.- ¡Y qué nos trajiste tú!

EVARISTA.- Un gran mosquitero.

FREDEBUNDA.- ¿Un mosquitero?, ¿y para qué?

EVARISTA.- Para que se protejan del zum… zum… del mosquero.

TODOS.- ¿Y qué oficio tienes tú?

EVARISTA.- El de barrendero.

YO YO YO.- ¿No se te puede ocurrir otra cosa? ¡Sólo sirves para eso!

FREDEBUNDA.- Verdaderamente.

EVARISTA.- Muy bonito, aquí todo el mundo cuando juega el juego de los oficios, sólo quiere representar personajes importantes. ¡Ah, sí!, todos se ponen muy juiquistiníquiti, pero es que no se dan cuenta que si no fuera porque existen los barrenderos, ya las cucarachas, las chiripas, los mosquitos, gusanos y ratas nos habrían devorado. Seguramente que allá hay unos niñitos encaramados en un cerro así de conchas de maní y los papás muy juiquistiníquiti, no les dicen nada. ¿Qué les parece si recogemos la basura, ah?

(Todos los comediantes dicen que sí y colaboran con el público en limpiar la sala).

EVARISTA.- Sí, porque ciertas personas producen basura, pero jamás la recogen.

SILVESTRE.- ¡Que viva el barrendero!

TODOS.- ¡Que viva!

EVARISTA.- ¿Es o no es importante el barrendero en una comunidad?

TODOS.- Sí.

CLETA.- ¿Debemos tener más consideración con el barrendero?

TODOS.- Sí.

EVARISTA.- ¿Se fijan que todo ser humano es importante, mientras realice una labor en beneficio de los demás? Por eso es que yo representé este personaje y estoy muy orgullosa de haberlo interpretado.

(Marcha de los oficios, una estrofa)

PIANISTA.- ¿A dónde te fuiste tú?

FREDEBUNDA.- A donde no hay malcriados.

YO YO YO.- El chiquito aquel no puede estar allí (Señala a Abelardo).

TODOS.- ¿Y qué nos trajiste tú?

FREDEBUNDA.- Kilos de golfeados.

TODOS.- ¿Y qué oficio tienes tú?

FREDEBUNDA.- De digno soldado.

CLETA.- Qué imaginación más rara. No se te puede ocurrir otra cosa, cabeza de lombriz.

FREDEBUNDA.- Siguiendo el ejemplo de mi compañera, he escogido representar un personaje humilde: el soldado. Porque alguien tiene que defender la casa, alguien tiene que defender los mares, alguien tiene que defender el suelo, alguien tiene que defender el cielo.

TODOS.- Alguien tiene que defender la Patria.

(Marcha de los oficios, una estrofa)

PIANISTA.- ¿A dónde te fuiste tú?

SIMEÓN.- A la Conchinchina.

TODOS.- ¡Ay qué lejos!

YO YO YO.- ¡Oh, eso queda más allá de la Tierra!

FREDEBUNDA.- ¡Caramba!

EVARISTA.- En el fin del mundo.

TODOS.- ¿Y qué nos trajiste tú?

SIMEÓN.- ¡Traer! ¿Traer? ¿Es que acaso todo el que se va tiene que traer algo? Yo me fui, y vine. ¡Aquí estoy!

EVARISTA.- (Dirigiéndose a los niños) ¿Le preguntamos qué oficio tiene?

CLETA.- ¡Oh, My God!
(Todos exclaman) Eso quiere decir “Dios mío” en inglés.

SIMEÓN.- Doctor en Medicina.
Sí, he escogido el personaje del médico, porque cada día las enfermedades son más y más abundantes. Crecen, crecen por la basura de la que ya habló el barrendero. Así, contribuyo con mi oficio a curar el cuerpo, que se alimenta con el fruto del trabajo del agricultor y que gracias a las enseñanzas del buen maestro ha aprendido una mejor manera de vivir, y por quien vela y a quien protege el soldado, y a quien el barrendero quiso despojar de la basura. Bueno, esto es algo así como si todo tiene que ver con todo, todos tenemos que ver con todos. Yo no entiendo nada.

(Marcha de los oficios, una estrofa)

PIANISTA.- ¿A dónde fuiste tú?

YO YO YO.- (Dirigiéndose a Fredebunda) Usted, jovencita, al fondo, el primer plano, todo para mí, para mí solo. Yo me fui… déjenme pensar… ¡Me fui para Bella Vista!

(Hacen referencia a lo cerca que está Bella Vista)

TODOS.- ¿Y qué oficio tienes tú?

YO YO YO.- ¡Adivínenlo ustedes mismos!

EVARISTA.- ¿Alpinista?

ABELARDO.- ¿Analista?

SIMEÓN.- ¿Submarinista?

FREDEBUNDA.- ¿Paracaidista?

CLETA.- ¿Volibolista?

SILVESTRE.- ¿Dietista?

YO YO YO.- No, no, no. (Dirigiéndose al público) Bien, como ellos no han adivinado el oficio que he escogido, vamos a intentar que ustedes lo hagan. (Juega con los niños intentando que ellos adivinen). Entonces yo mismo se los diré. Represento el oficio de “Profundo Artista”.

TODOS.- ¡Trampa, eso no se vale!

YO YO YO.- Trampa no, en primer término he escogido algo muy adecuado con mi jerarquía de intérprete; en segundo lugar ustedes mismos ya lo han insinuado cuando se han referido a los oficios. Para reunirlos a todos en uno solo no hay mejor ejemplo que un artista profundo. Ese hombre o mujer que es capaz de representarlos a todos cuando canta, baila, escribe, actúa, pinta, esculpe, compone e imagina. En fin, el artista es el personaje que yo he escogido.

TODOS.- Ganó.

(Regocijados cantan y bailan la “Canción del Viaje”)

SILVESTRE.- Qué maravilla de parlamento. Lo felicito, estuvo usted magnífico. Hacía tiempo que no disfrutaba de una actuación tan apoteósica.

YO YO YO.- Bagatelas, bagatelas, mi estimadísimo colega. Para mí es cosa de todos los días. Minucias, minucias. Gracias.
(Todos lo felicitan insistentes y exagerados hasta fastidiarlo)

YO YO YO.- ¡Basta!, ¡ya basta! (Huye)

DAMAS.- Oigan: ahora nosotras, Fredebunda, Evarista y Cleta vamos a bailar y vamos a cantar una linda melodía que compusimos en el acordeón.

SIMEÓN.- Pues nosotros no queremos que nos canten esa horrible canción a la que seguro no le han puesto ni ton ni son.

(Las tres damas cantan la “Canción de los Caramelos”)


CANCIÓN DE LOS CARAMELOS

Caramelos, aquí tenemos
caramelos. Caramelos
para el público presente.
Trajimos caramelos,
chupetitas y bombitas
para el público presente.
Caramelos, caramelos
para el público presente.

YO YO YO.- ¿Y para mí no han traído nada? Bueno, si es así creo que podemos cantar y bailar. (Dirigiéndose al público pregunta por los caramelos). Yo me siento encantado de la vida cuando traen cosas para regalar a nuestros amigos y para nosotros. ¡Jóvenes!

CLETA.- Diga, diga, diga.

YO YO YO.- No es con usted, señora, es con las otras dos.

(Cleta se horroriza y las otras dos responden)

YO YO YO.- Entonces creo que podemos cantar y bailar.

(Todos se preparan para bailar el minué)

SILVESTRE.- Señorita, ¿tiene usted la amabilidad de bailar conmigo?

FREDEBUNDA.- Encantada.

SIMEÓN.- Señorita.

EVARISTA.- ¡Oh!, qué galante es usted caballero.

SIMEÓN.- A sus patas me arrojo.

EVARISTA.- Qué gracioso es usted.
(Se colocan para bailar)

CLETA.- Y entonces, ¿quién va a bailar conmigo? Me quedo yo sola, ninguno va a bailar conmigo.

YO YO YO.- Está bien, señora, si no tengo otra alternativa, si no me queda más remedio, tendré que bailar con usted.

CLETA.- Gracias.

ABELARDO.- Don Fernando Alarcón, acabáis de escuchar un minué dulzón para cómicos aficionados. (Exclamación de todos). (Vuelve a repetirlo y nuevamente exclamaciones). Ahora escucharéis un gran minué para cómicos… aficionados.

(Música del minué “Canción de los Caramelos”)

ABELARDO.- Yo una vez me comí un caramelo, del tamaño de un hipopótamo.

EVARISTA.- ¡Oh, qué vulgar!

SILVESTRE.- Usted sí que es exagerado, comediante tenía que ser. Eso no tiene nada de particular, pues yo una vez me comí una torta de chocolate…

EVARISTA Y SIMEÓN.- ¡Oh, qué exquisito!

SILVESTRE.-… más alta que una jirafa.

FREDEBUNDA.- ¡OH, qué salvaje! ¡Qué salvaje!

SIMEÓN.- Y yo conozco a unos a quienes los purgaron con aceite de Castor y les dieron unas cucharadas de aceite de hígado de bacalao…

EVARISTA.- ¡Fuchi, fuchi!

SIMEÓN.- Por comer caramelos en exceso.

FREDEBUNDA Y EVARISTA.- Y a nosotros también nos taladraron las muelas por la misma causa.

YO YO YO.- Por favor, apartad vuestros bellos pescuecillos de gallina piroca, porque a pesar de todo…

(“Canción de los Caramelos” y distribución de las golosinas)

YO YO YO.- (Toca la campana del barco) Bien, señores y señoras, exquisito público, lamentablemente estos comediantes que han tratado de divertirlos durante este tiempo, tienen que marcharse en busca de otras tierras y de otros niños allende los mares, para llevarles un rato como este, etc., etc., bla, bla, bla. ¡Divertir, divertir! Esa es nuestra misión. Si lo logramos, podemos irnos satisfechos. ¡A bordo!


(Se despiden cantando la “Canción del Viaje”)



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