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Especialista en Teatro Venezolano

miércoles, 11 de abril de 2012

Luis Viana (Coreógrafo)


SILENTE
Coreografía
1987



SILENTE
“Porque cuando de veras está
tocada el alma de ese amor de
Dios, sin pena ninguna se quita
el que se tiene a las criaturas”.
                                           Teresa de Jesús

FICHA TÉCNICA:
Intérpretes:
Cuatro bailarines (Hombres)

Música:
“Destino”, bolero cantado por Gloria Díaz y acompañado por la Sonora Matancera.

Diseños:
Luis Viana

Duración aproximada:
Doce minutos

MÚSICA:
DESTINO
Canta: Gloria Díaz
Produce: Sonora Matancera

Leyeron en la palma de mi mano
las líneas de mis bienes y mis males
y nunca, nunca me dijeron
mi destino de amor.

Ay! Mi vida
que negro es mi destino
que difícil el camino
y lo tengo que andar.

Destino!
Si él supo olvidarme
Has que vuelva a adorarme
Con ese ingrato amor.

Queriéndolo yo,
me lo supiste robar
destino tan cruel
daga mortal…

Destino!
Has que vuelva a mi lado;
yo que tanto he llorado
por ese ingrato amor.

Utilería:
          1.- Tizas blancas
          2.- Pequeño espejo enmarcado
          3.- Ramo de flores de tallo largo

Vestuario:
          1.- Dos vestidos negros con escote bajo
          2.- Dos vestidos rojos
          3.- Custro pares de zapatos negros de caballero
          4.- Cuatro interiores blancos
          5.- Cuatro franelas blancas

Maquillaje:
Sólo un personaje lleva maquillaje. Este debe recordar a un presumido caballero, la grotesca cara de un antiguo patiquín.


SILENTE

“Hay muchos modos de considerar la vida y la sátira es uno de ellos. Contemplar el mundo con una mezcla de risa e indignación no es el más noble ni el que produce el mayor número de obras de arte excelsas; pero éste es el punto de vista de la sátira. La sátira comienza con una postura mental de crítica y hostilidad, por un estado de irritación causado por los ejemplos inmediatos del vicio y de la estupidez humanos y aunque las ocasiones se nos presenten para dar rienda suelta a la sátira son infinitas e inherentes a la condición humana, los impulsos que incitan a ella son básicos de la naturaleza humana”. (1)

Reconociéndonos en un movimiento transformador los “jóvenes coreógrafos” hemos asumido la labor de criticar los valores morales del hombre en su irremediable deterioro. La denuncia como fuerte detonador de la experiencia estética ha incrementado el desarrollo técnico de nuestra creación, sugiriendo una línea de trabajo con severas afectaciones expresionistas. El arrollador crecimiento de la labor coreográfica propone el ánimo para la experimentación escénica, único camino para asentar las bases de una cultura realmente propia y dinámica.
A partir de la creación del Festival de Jóvenes Coreógrafos y de la Compañía Acción Colectiva, el país se ve colmado de nuevas propuestas coreográficas enmarcadas en un encuentro amistoso para la experimentación y la esperada confrontación. La información proveniente del exterior, concretamente de Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, enriqueció el espíritu renovador propio sobre la base de un espectáculo depurado, incisivo, dirigido a la sensibilidad dormida del espectador de la danza.
Acción Colectiva se convirtió en encrucijada para los esfuerzos de quienes laborábamos en la creación coreográfica: Diane Noya, Julie Barnsley y yo [Luis Viana] coincidimos en la consolidación de una nueva compañía dedicada al rigor de la búsqueda de nuestros lenguajes. El trabajo, en primer lugar, se veía enriquecido por la pluralidad de un proyecto generoso en propuestas orgánicas. Venidas de un estudio coherente del cuerpo. En segundo lugar, cada evento contaba con la participación de invitados internacionales que con su interpretación o coreografía afirmaba la tendencia humanística del grupo. En último término, la compañía ofrecía la oportunidad para que músicos, artistas plásticos y actores se integraran en una experiencia donde el proceso valiera tanto como la puesta.
El Festival de Jóvenes Coreógrafos, una fundación ideada por José Ledezma y Carlos Paolillo, su actual director, ha ocupado en el país el lugar de una auténtica cátedra de composición coreográfica. Sobre la marcha, el encuentro ha formado la mayor parte de nuestros jóvenes valores y, así mismo, un público nuevo, ansioso de conectarse con su vanguardia.
Silente, ofreció desde su estreno un importante postulado sobre la profundidad de las relaciones humanas en una sociedad castrante. También propuso una particular manera de manifestarse: una amalgama de juegos, o rituales, que rayan en los límites del consentimiento.

LA OBRA:  
        SILENTE es un cuarteto: cuatro hombres y un bolero de la Sonora Matancera. Con una estructura coreográfica relativamente simple, esta obra logra ordenarse por escenas conservando el rigor totalizador que la compara al ritual. En su estructura las escenas se van acoplando como rezan los pasos de una ceremonia: éstas siempre son resultado de la anterior  desde su desarrollo propone el próximo eslabón. Las escenas se podrían denominar como:

        1.- Preparación de la representación.
2.- Canción – procesión I.
3.- El secreto.
4.- Iniciación: procesión II, el bautizo, la pelea y el acuerdo.
5.- La rabia y la burla: procesión III.

1.- La coreografía asume el acto de la representación como el único marco para revelarse directa y abierta ante el público. La abertura del telón carece de importancia cuando, sobre la escena,  cuatro individuos preparan la ceremonia ante los ojos de todos. Dos escriben con tiza un bolero sobre el piso, otro describe un círculo en el centro del espacio, como presintiendo un territorio de encuentro y, por último, el cuarto hombre coloca sobre lugares específicos un espejo, cuatro vestidos, tres pares de zapatos y un ramo de flores.

2.- DESTINO, bolero producido por la Sonora Matancera y entonado inicialmente por uno de los personajes, evidencia la analogía entre la representación escénica y la representación social. Las circunstancias descritas en el bolero, entorno estético de quienes sufren de amor, lejos de contradecir las acciones de los intérpretes, las afirman en un juego de figuraciones complejas. El juego comienza cuando cada rol se aventura en una experiencia íntima como disfrazarse o vivir fantasías al tiempo que buscan en acciones la reproducción de su mundo inferior. La reunión de estos cuatro personajes, cuya concepción fue estimulada por las lecturas de Teresa de Jesús y de Juan de la Cruz, coincide representativamente con los cuatro roles  que nos reúnen en iglesia: el maestro, poseedor de la sabiduría; el sacerdote, un hombre que se abandona al servicio de los otros; el creyente, un fiel incondicional y el iniciado, quien debe demostrar su aptitud a través del sacrificio.
        La forma grupal de desplazamiento del juego propone una procesión donde cada rol se conserva intacto en acciones particulares. El tiempo es el estribillo del bolero, cantado ahora por todos, y el espacio es una diagonal hacia el espectador. Los personajes son movidos por el espejo que, frente a ellos, los emula distorsionados.

3.- El placer que nos produce disfrutar de lo prohibido en un sentimiento marginado, como lo es el dueto silencioso entre dos hombres que alimentan la experiencia amorosa. Separados del grupo, el sacerdote y el creyente se juntan en una relación de mutuo soporte, acto de sumisión que los anima a desnudarse particularmente de la ropa interior (vestuario base de la pieza). La escena se cierra como un acto fallido retomando la última imagen de la escena anterior.

4.- Abriéndose con otra procesión, los personajes componen un cuadro de culpa y perdón que incluye la flagelación del iniciado con el ramo de flores. Luego, en su bautizo, participan todos como quienes conocen perfectamente la rutina y pierden en ella la capacidad de sorprenderse. En una necesaria confrontación del iniciado con el maestro pelea la duda con la vivencia, la ansiedad con el reposo. En un duelo a través del baile y sobre esta tensión escénica se impone la seducción: dos travestis que enfrentan su virilidad en una pelea. Nadie gana. El sacerdote se une al maestro y el iniciado al creyente. La grabación del bolero, que acompaña toda la iniciación, ridiculiza la concepción machista que prohíbe a dos hombres bailar juntos y tocarse la cara con caricias exageradas; ofensivas bofetadas sobre nuestra propia imagen.

5.- La tercera y última procesión, generada en el desconcierto del fracaso amoroso, vincula a cada rol  con una violenta gestualidad que al final los unifica rabiosos: iracundos perdedores que lanzan al maestro una mueca de burla contenida, a desnudarse de sí o de su simulación.



EL CONCEPTO:

        Agudizada la incomodidad por crear un nuevo discurso sobre el amor, SILENTE optó por asumir la vía molesta del desamor. El proyecto, desde el inicio, fundamentó su concepción sobre la burla. Esta decisión, afirmada en el proceso de creación de la coreografía, concedía a la temática la turbia visión de quien se siente burlado, en ridículo, es decir, violentado. La coreografía es contada por quienes viven en soledad, por quienes en la carencia del placer encuentran la fantasía; promocionando la avidez con un discurso que los revela inconformes. De este poder generado en la represión, desde la interioridad, nació el enojo y así esta sátira.

“A pesar de todo, esta violencia no está impregnada de odio sino de amor, aunque se trata de un amor brutal como la violencia misma, porque no es el amor de complacencia o de contemplación, sino el amor de acción, de transformación”. (2)

Esta pieza no podía ser de otra forma. Los cuatro personajes encarnan la marginalidad y desde sus miserias, que ineludiblemente recuerdan la poesía de Genet, nos obliga a asumir lo grotesco. Las imágenes del trabajo lejos de impresionar exclusivamente por su valor corporal nos sorprenden por su hermético simbolismo. Cada signo corporal contiene, sobre la cotidianidad de su apariencia, un valor agregado.
        Cada gesto recibe un tratamiento que, a través de la exageración, de la mueca, pretende llegar al límite mismo de la ejecución.
        En las procesiones se pueden evidenciar que el conjunto de propuestas de movimiento, o signos corporales, aspira comunicarnos una versión condensada de la distorsión. En posibilidades físicas y conceptuales que pueden ser vividas y, a su vez, interpretadas, cada presentación supone un reto que no termina en la exigencia coreográfica sino en la entrega del ejecutante.
        Como parte de la simulación, esencia lúdicra de la sátira, la naturaleza de los objetos usados revela la intencionalidad de burlar lo establecido al integrar en insospechados encuentros lo socialmente definido como femenino o masculino. Un espejo, cuatro vestidos y un ramo de flores manipulados por cuatro hombres ofrece varias lecturas, pero las acciones que con tales objetos se ejecutan no se corresponden con el esperado comportamiento femenino. Por el contrario, las reconocidas acciones atribuidas al género masculino sólo riñen en el prejuicio machista de quienes no logran detectar afeminamientos en los intérpretes al tiempo que son mirados a través de un disfraz. El amargo sabor de la confusión produce, entonces, la risa en el espectador. Lo confunde y su reacción lo delata burlado.

Notas:
(1)          HODGART, Matthew. “La sátira”, p. 10.
(2)          ROCHA, Glauber. “Estética de la violencia”. Citado por Simón Feldman, Agustín Mahieu y Alsina Thevenet. “Violencia y erotismo”. p. 101.


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